Pobreza infantil. Los niños invisibles

Foto: Carlos Montañés para El Periódico

La inmensa mayoría de usuarios que atiendo en Servicios Sociales son mujeres con responsabilidades familiares no compartidas, la mayoría migrantes latinoamericanas, casi todas en situación de pobreza, con unos ingresos inferiores al umbral de 684 euros del informe AROPE 2017.

3 de cada 10 niños de Madrid viven en situación de pobreza y exclusión, según datos de Unicef. Las familias numerosas, con varios menores a cargo y monomarentales tienen más incidencia de situaciones de pobreza. Por su parte, Save the Children en su informe “Más solas que nunca” advierte que la pobreza se multiplica en familias monomarentales. El 80% de las familias con un solo adulto a cargo están encabezadas por mujeres y “más de la mitad de las madres solas no trabaja”. Más de la mitad de hogares monoparentales está en riesgo de pobreza o exclusión social, una de cada diez en situación de pobreza severa. Muchos niños no pueden permitirse una comida de carne, pescado o pollo cada dos días o calentar su vivienda en invierno. En un 67% de los casos estas familias no reciben ningún tipo de prestación económica. Esta situación afecta a su rendimiento académico, a su alimentación, y a su salud física y mental.

El informe denuncia la debilidad y el escaso desarrollo de las políticas sociales con filosofía de inversión social, y subrayan que la inversión social en infancia no debe considerarse como un gasto, sino como una decisión económica que apuesta por invertir en las personas. La inversión social en políticas de atención a la infancia en España es inferior a la media de la UE.

El informe recoge algunos duros testimonios de madres de familia que cuidan a sus hijos en solitario.

Tenía tres casas que iba a limpiar, pero los dueños de dos de ellas están hospitalizados, así que ahora solamente me queda una casa, que me llama cada cinco meses. Cuando voy gano 20 euros, que a mí me hacen mucho. [Estos 20 euros] suponen haber ido al supermercado y comprar para los chiquillos un paquete de longaniza y una bolsa de patatas congeladas para la cena (…) Es que los 6–7 euros diarios para comprar comida los tienes que tener.” Juana, 52 años, madre de 3 hijos.

Es difícil que yo encuentre un trabajo con cinco niños. Es difícil que alguien te coja porque tienes que decir la verdad. Entonces, interna no te van a coger y externa, te van a pedir estar de las 8 de la mañana a las 8 de la tarde. Entonces, ¿quién va a llevar a tus hijos al colegio?, ¿quién los va a recoger?, ¿quién les va a dar de comer?”. Fátima, 49 años, madre de 5 hijos

“Lo que más me ayudaría para mejorar mi situación y la de mis hijos sería un trabajo. Me da igual cuando, de día, de noche. Mi hijo puede quedarse con su hermana. Yo no pongo pegas: me da igual en qué trabajar, horas o días, fines de semanas, me da igual… todos. Pero en este país, por desgracia, a partir de los 45 años eres viejo. Es una situación muy dura porque en las ofertas de empleo siempre piden gente de 25 años. Te divorcias después de 25 años en los que has sido dependiente de otra persona, eres mayor y, ¿ahora qué hacemos?” Juana, 52 años, madre de 3 hijos.

“El barrio en el que vivo es un barrio de catástrofe. Allí la gente llora a diario, se desahucia a la gente, yo lo vivo porque estoy en la asociación anti desahucios. Yo he visto como la gente sufre y no quiero que eso me pase a mí. Me han dicho que no se puede hacer nada, que cuando me vengan a desahuciar igual me pueden dar una pensión de emergencia y desde ahí se verá qué se puede hacer”. Raquel, 37 años, madre de 3 hijos.

“Recibo una ayuda por la discapacidad de mi hijo cada seis meses, pero que no lo cubre todo. Él necesita un tratamiento crónico, no sólo son las medicinas. Yo hago lo que puedo. Lo único que tengo gratis es el médico pero de las medicinas tengo que pagar un 10% (antes eran gratis). A eso hay que sumar el mantenimiento, que es más específico, hay que estar muy pendiente de él (que no haya que llevarlo al hospital por algún estiramiento, por dolores articulares o de cabeza…) y eso no está cubierto. Me ayuda solamente mi madre”. Patricia, 47 años, madre de 2 hijos.

“Me negaron la ayuda en Servicios Sociales. Yo no pido limosna, yo solo pido una ayuda. Esa negativa me hizo sentir mal, parece que estás cometiendo un delito. Realmente me sentí como si hubiera cometido un delito. Salí de allí con rabia e impotencia y me puse a llorar”. Nieves, 44 años, madre de 2 hijos.

Para muchos niños, el comedor escolar es el único lugar donde reciben una comida nutritiva, variada y caliente al día. El último informe de UNICEF asegura que más de dos millones de niños españoles viven por debajo del umbral de la pobreza.

Durante el curso escolar, las Comunidades Autónomas conceden becas de comedor a muchas familias, con el fin de que los menores puedan acudir al comedor escolar si la familia no puede costearlo, y garantizar así una nutrición adecuada para los menores. Esta es una medida necesaria, aunque en ocasiones los retrasos en la tramitación dejan a muchos menores sin comedor durante meses. Este es el caso de la Comunidad de Madrid. Algunos colegios permiten que los niños acudan al comedor antes de recibir la beca, adelantando el servicio al cobro de la cuota (que finalmente cubrirá la Comunidad cuando se aprueben las becas), con el fin de evitar que los niños se queden sin comer durante dos meses. En otros casos, el menor deja de acudir al comedor durante ese tiempo, y tiene que comer en casa, donde la familia no tiene recursos para proporcionar una alimentación equilibrada y completa.

Sin embargo, el problema fundamental nos lo encontramos durante las vacaciones de verano. Las escuelas cierran, los menores se van a casa, y muchos niños no pueden realizar una comida nutritiva diaria. En verano nos encontramos ante un panorama complejo: familias que trabajan largas jornadas por salarios de 300 o 400 euros mensuales, que no pueden costear un campamento urbano, por lo que los niños permanecen solos en su vivienda durante días enteros con las neveras casi vacías. Familias en situación de exclusión social que no pueden proporcionar a los niños actividades y alimentación en verano. El colegio es fundamental para la inclusión social de esos menores durante el curso escolar, ya que permanecen buena parte del día en el centro, lo que facilita su socialización, mejora de habilidades sociales, integración en el grupo, normalización y alimentación adecuada. En verano, este recurso tan esencial desaparece, y los menores a expensas de la capacidad de su familia.

Muchas entidades han solicitado la apertura de los comedores escolares en verano, a estas voces se ha unido incluso la Defensora del Pueblo. Algunas voces, sin embargo, se han opuesto a esta medida, esgrimiendo el coste del servicio o la estigmatización de los menores que acudan a esta suerte de “comedor social infantil”. En este sentido, entidades como Unicef defienden la apertura de los comedores escolares en verano, pero en el marco de otras actividades socioeducativas y lúdicas, de manera que se elimine esa noción de “comedor social” y no se estigmatice a ningún menor.

En relación con este debate, Unicef argumenta que no existe justificación para que haya niños en España que no reciban una alimentación adecuada, por tanto todas as medidas deben ser bienvenidas. Pero añade que la apertura de los comedores debe darse siempre en el marco de actividades educativas y de ocio que ayuden a los niños y eviten una imagen de un “comedor social infantil” que pueda estigmatizar a los usuarios.

En algunas Comunidades Autónomas existen programas de verano, por los que colegios públicos abren sus puertas durante el período estival para realizar actividades socioeducativas, campamentos urbanos, deportes y juegos, y que cuentan con servicio de comedor. En la capital, el Ayuntamiento de Madrid organiza los Centros Abiertos en Inglés, que cuentan con plazas ordinarias y un cupo reservado para niños en riesgo o situación de exclusión social, derivados por su Centro de Servicios Sociales. En otras Comunidades Autónomas no existen este tipo de programas estivales. Sólo existen campamentos de carácter privado y con un coste inasumible para muchas familias. En estos casos, entidades sin ánimo de lucro como la ‘Fundación Escó’ o ‘Save the Children’ ofrecen actividades a los menores. Actualmente, el Gobierno de España ha anunciado la creación del Plan de Vacaciones Escolares Continuar Aprendiendo (VECA), por el que destinará diez millones de euros a campamentos de verano y comedores escolares durante la época estival.

Estos programas y campamentos son un servicio esencial para muchas familias en riesgo de exclusión social. Pero no deben ser la única alternativa. Los poderes públicos no se deben limitar a crear servicios para paliar las necesidades acuciantes e inmediatas, sino que deben elaborar políticas sociales para luchar contra las causas estructurales que generan la pobreza y la exclusión social. Una política racional de rentas básicas, el fomento del empleo con politicas activas, la creación de prestaciones adecuadas y suficientes, garantizar los servicios básicos de las familias, y proporcionar una atención social adecuada que permita su emancipación. Desde el Trabajo Social se debe trabajar en el fortalecimiento de sus capacidades, la promoción y desarrollo de la familia y de sus miembros, facilitando el desarrollo de sus capacidades y recursos.
Gabriel González-Bueno, responsable de Políticas de Infancia de Unicef, escribió en un artículo elaborado para El Diario:

“A los niños y niñas en riesgo de pobreza hay que proporcionarles una alimentación adecuada, pero sobre todo hay que nutrirles de oportunidades para una vida digna, para el desarrollo de sus propias capacidades en hogares que puedan atender las necesidades que la pobreza, el desempleo, y una sociedad cada vez más desigual les niega”.

Hay diversas organizaciones en Madrid que trabajan día a día para reducir las situaciones de riesgo que atraviesan estos niños, proporcionando apoyo escolar, actividades, acompañamiento y meriendas gratuitas. Entre ellas, podemos citar la ONG Balia y sus Aulas contra la Pobreza (Latina), la Fundación Tomillo y sus programas para niños y adolescentes (en varios Distritos), Música por la Paz con su programa de apoyo escolar y merienda, la Asociación Juvenil ATZ en el Barrio de Costillares, que proporciona apoyo escolar, dinamización vecinal y meriendas, o la Asociación Norte Joven, con programas de atención socioeducativa y formación de segunda oportunidad, en Fuencarral y Villa de Vallecas.

Carmen Alemany Panadero. Trabajadora social y periodista

 

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